jueves, 16 de noviembre de 2017

Le di los mejores años de mi vida y encima me dejó

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El Dr. John Gottman desarrolla el concepto de la cuenta bancaria afectiva y propone que debe haber un equilibrio entre el dar y el recibir. Como una especie de balance afectivo que mantiene el equilibrio o la homeostasis.

a. Relación padres e hijos: Los padres somos los dadores y los hijos, los receptores. Somos autoridad sobre nuestros hijos. Los hijos no deben resolver los conflictos económicos, laborales o de pareja, mejor dicho, de sus padres. Cuando un padre expresa: "Primero está mi hijo y luego mi pareja", ese hijo fue transformado en un hijo-pareja. El papá lo saca del lugar de hijo y, a la vez, está anunciando el desbalance en la relación de la pareja.

La relación de la pareja es prioritaria por sobre la paternidad, dado que si primero están los hijos, se le agrega una carga muy pesada de poder al hijo y se lo transforma así en un hijo-escudo o en un hijo-pareja. Esto traerá alguna consecuencia en el futuro.

Cuando uno se cuida a sí mismo y luego cuida a la pareja, es capaz de construir una buena paternidad. Este es el mejor regalo que podemos hacerles a nuestros hijos.

b. Relación de pareja: Debe haber un equilibrio entre el dar y el recibir. Cuando se produce un desbalance, uno da y el otro recibe y la relación ya no es de pareja sino de padre e hijo. El que da siempre acumula rabia y el que recibe, culpa. Cuando en una relación uno da y el otro recibe, en general, el que recibe es el que va a abandonar. De ahí la expresión: "Le di los mejores años de mi vida y se fue con otra persona. ¡Viví para él/ella!". ¿Por qué sucede esto? Porque el receptor no puede saldar la relación y, al no hacerlo, termina huyendo. Cada pareja debe mantener un balance donde ni uno dé tanto, ni el otro reciba siempre. Es preciso que haya un equilibrio. El dador se siente útil y arma un circuito, junto con el receptor, donde se convierte en una especie de Papá Noel al que la otra parte le pide regalos. Sucede muchas veces cuando una persona cuida al otro por una enfermedad, incapacidad, etc. El cuidador da e inconscientemente reprime la ira que puede saldar buscando un/a amante. También puede suceder que el cuidador acabe por enfermarse. La rabia no nos permite armar vínculos sanos. Cuando una persona acumula enojos con su ex, probablemente los descargue en su pareja actual o busque venganza con quien tiene más cerca.

El balance entre el dar y el recibir nos transforma en iguales y nos permite disfrutar el uno del otro y caminar al mismo ritmo. Cuando en una pareja uno corre y el otro camina, hay un desbalance.

c. Relación de hermanos: Entre hermanos sucede exactamente lo mismo. Debe haber un balance. Cuando un hermano da y el otro recibe, la relación se transforma simbólicamente en padre-hijo e inevitablemente habrá conflicto. Esto también ocurre entre amigos. El balance es lo que nos permite disfrutar tanto del dar como del recibir. Las personas que dan pero les cuesta pedir pueden hacerlo por inseguridad o por arrogancia. El pedidor compulsivo es dependiente del otro y no se siente capaz de dar. Los vínculos simétricos se establecen de esta manera: "Yo no soy mejor que vos y vos no sos mejor que yo; mi familia no es mejor que la tuya ni la tuya es mejor que la mía. Lo bueno es gracias a ambos y lo no tan bueno, también".

Sin lugar a dudas, dar tiene que estar marcado por el límite. Podemos ayudar a alguien una o dos veces y luego ponerle fecha de vencimiento para ayudar a otra persona. Cuidémonos de no armar circuitos de "yo siempre ayudo, yo soy Papá Noel" o de construir el rol de: "Yo siempre soy el receptor". Tanto el dador compulsivo como el ayudadito, en el fondo, necesitan sentirse útiles y están buscando algún reconocimiento que nunca terminan de saldar. El receptor continúa sintiéndose impotente y, aunque en apariencia disfrute pedir, ha perdido una de las alegrías más grandes: ser bendición para los demás.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com
Fuente LA NACION